Muchas personas intentan controlar sus emociones a través de la evitación, la distracción o el exceso de racionalización. Sin embargo, las emociones ignoradas tienden a acumularse.
La gestión emocional no significa dejar de sentir.
Significa aprender a comprender lo que estás viviendo sin quedar constantemente dominado por las emociones.
Cuando existen dificultades para gestionar la ansiedad, la frustración, la presión o la inseguridad, esto puede acabar afectando a:
– las relaciones
– el trabajo
– las decisiones
– la autoestima
– la capacidad de actuar
Desarrollar una mayor conciencia emocional permite responder a las situaciones con más claridad y menos impulsividad.
El objetivo no es volverte “frío” emocionalmente.
Es ganar un mayor equilibrio interno para poder afrontar mejor aquello que la vida exige.